MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO – CAUSAS Y CONSEJOS

hablar en publico

Hablar en público es, muchas veces, estresante.

Imagínate un gladiador. Sí, como en la Roma antigua. ¿Qué es lo que sientes? ¿Ves sangre y armas? ¿Sientes la tensión?

Para mucha gente, hablar en público se siente de la misma manera que en el Coliseo. ¿Eres uno? Quédate para saber cómo cambiar tu marco mental.

Miedo a hablar en público

Hoy veremos un tema muy importante a la hora de comunicar: hablar en público. Particularmente el miedo a hablar en público.

Y no me refiero solo a cuando hagas una presentación ante una audiencia. Esto también incluye a las conversaciones con clientes o con inversionistas, a una conversación en alguna actividad de networking, o simplemente cuando hables de tu negocio o proyecto a alguien.

La visualización que te describí al principio, trataba sobre una lucha. Debías prepararte para pelear con todas tus fuerzas, saber usar distintas armas y poder defenderte bien. Hacer estrategias de ataque y conocer el punto débil de tu enemigo para terminar lo más pronto posible con eso.

Las peleas en el coliseo eran así: matar o morir. Y cuando nos referimos a las presentaciones en público, mucha gente tiene el mismo concepto. Prepararse para herir de muerte al público para que no tenga oportunidad de herirnos a nosotros. Básicamente se paran frente a las personas con la concepción de una lucha.

Mentalidad de lucha

Y tener esa visión solo decanta en dos posibilidades: o vas a destruir, o te destruyen. Sin embargo, esas dos tienen el mismo final. Me explico.

Una persona que va a destruir, lo que hace es prepararse mucho, en demasía. Tiene en su mente que debe apabullar al público para que no lo juzguen, y debe mostrar todo lo que sabe y todo lo que ha hecho para demostrar su valía. Como un gladiador.

Esta visión hace que abra PowerPoint, y comience a llenar de gráficos las dispositivas para que no quede nada en el aire, y esté todo demostrado. Sus resultados, cómo lo hizo, la tabla de datos, los 50 gráficos que obtuvo. Todo muy condensado y apretado en la menor cantidad de diapositivas posible.

¿Y cuál es el resultado? Que aburre, nadie entiende nada y terminan todos confundidos. Entre tanta información no hay nada destacable. Una presentación basura.

Por otro lado, una persona que la destruyen. Se llena de miedos e inseguridades. Que se van a fijar que no he hecho todo, que este resultado no está muy bueno, que me van a mirar mucho, si me quedo en blanco, si se me olvida algo importante, si hay problema técnico… y un montón de fantasía más.

Entonces esta persona abre PowerPoint, y llena las diapositivas de texto para que no se le olvide nada. Y ahí coloca un testamento de cosas, y hace lo peor de la vida: lee cada diapositiva, palabra por palabra. Al fin y al cabo es su ayuda memoria.

¿Resultado? Aburre. Y no solo aburre, probablemente unos cuantos se quedaron dormidos. Tanta información que nada destaca. Es decir, una presentación basura.

¿Te das cuenta? Mismo resultado para dos posibilidades del mismo enfoque.

El miedo paralizante

No sé si conoces a Medusa, un monstruo del inframundo en la mitología griega. La cosa es que si la mirabas a los ojos, te convertías en piedra. La cosa es que muchas veces ocurre esto en las presentaciones o, incluso, en las conversaciones más corrientes. Quedamos no en piedra, pero sí en el mismo estado. Paralizados. Petrificados, si queremos acercarnos al tópico.

Esta es la analogía que realiza Gonzalo Álvarez en su charla TEDx titulada “Del miso escénico al gozo escénico”. Él menciona que, cuando vamos a presentar, no nos enfrentamos a una medusa, sino que a 5, 10, o 50, dependiendo del público. Entonces es natural que algunos se paralicen.

De hecho, recuerdo un episodio de esos. Primer año de universidad, y en una asignatura había que realizar presentaciones periódicas del trabajo que íbamos haciendo. Llegado el día, un integrante de uno de los grupos, en el momento que le tocó salir adelante, colapsó. Se paró en frente, la diapositiva atrás, y no fue capaz de emitir una sola palabra.

Y fue brutal, porque se notaba que trataba de decir algo, pero no le salía nada. Y estuvo así unos 5 minutos, al menos. Y fue una situación bien intensa para todos. Creo que todos quedamos ahí pensando que fue muy penoso ver algo así.

Y por eso hago este contenido, porque para hablar frente a las personas, para atreverte a hablar, es necesario cambiar tu marco mental.

El ego

Porque piensa qué es lo que realmente da miedo. No es a hablar en público, eso es solo el medio. Lo que realmente aterra es que se nos olvide algo, que no digamos todo lo que queremos decir o quedemos en blanco. Que cuestionen nuestros resultados, nuestros métodos, que nos miren incesantemente, se nos enrede la lengua al hablar, no se nos entienda o nuestra ropa no sea la adecuada… Podría seguir muchos minutos más.

Pero si te das cuenta, todos estos miedos tienen una cosa en común. Una sola cosa.

Yo.

No, no yo “Paulo Arriagada”. Sino que uno mismo.

Todos se refieren a cosas que giran en torno al yo. Son derechamente egoístas.

Y esa es la cuestión, que tenemos el foco en nosotros mismos, y nos preocupamos de cosas que nos podrían ocurrir. Y con ello, dejamos de lado al otro. Yo siempre digo que, en comunicación, lo que importa son los demás. A todos les gusta obtener algo a cambio. Ya sea ser escuchados y expresarse, o recibir información valiosa.

En una presentación tú estás ahí para dar esa información. Por lo tanto tu foco debería estar en qué información de valor entregar y cómo hacerlo de manera clara y concisa, con tal de que los demás te escuchen.

3 consejos para eliminar el miedo

Y ahora quizás estés pensando “todo claro Paulo, pero cómo lo hago”. Y sí, allá voy.

Aquí, como dije antes, no hablamos de miedo a hablar en público. Hablamos de miedos que produce vernos enfrentados a hablar en público.

Así que el primer paso es identificar ese miedo. Por ejemplo, yo que estoy ligado a las ciencias, mi miedo principal cuando me expongo a presentar mi trabajo es si ese trabajo es lo suficientemente bueno para un nivel de doctorado. Lo tengo identificado. Soy consciente de ese miedo y por eso soy capaz de controlarlo.

Y ese es el segundo paso. Controlar ese miedo ya reconocido pasa por saber qué circunstancias deben pasar para que ese miedo se haga realidad. Nuevamente, en mi caso mi miedo se hace realidad por dos cosas: primero, que no haga nada de trabajo y que mis resultados efectivamente estén mal; y segundo, que los presente de forma confusa que al final de la presentación me bombardearán con preguntas.

Entonces, ¿qué hago? Trabajar y preparar una buena presentación, sin llenar ni de gráficos ni mucho menos de texto las diapositivas. Y eso pasa por saber de lo que hablo.

Y para el tercer paso, te invito a realizar otra visualización. Si te menciono la palabra viaje, ¿qué ves? ¿Qué sientes? Probablemente alegría, ves rostros conocidos, contentos. Una playa, quizás un bosque. Y el sol.

Y esa es la idea de una presentación. Llevar de viaje al público. Porque, si estás presentando, es por algo que sabes más que el resto. Entonces tu misión es ayudarlos para transportarlos de un punto A, a un punto B donde saben y conocen más.

Y eso es en una conferencia ante 200 personas, en una conversación de networking, cuando presentas tu proyecto o tu emprendimiento. Tú sabes más y, por ello, eres el indicado para guiar a los demás hacia el conocimiento en ese tema.

Lejos de las batallas y la sangre. De las armas y los gritos. Un viaje es lo más placentero que puedes entregar.

Pasa a la acción

Y como siempre digo, la acción es la mejor forma de aprender. Sal al mundo y habla.

Si te gustó y te agregó valor, por favor compártelo. De seguro a alguien más le podría servir.

Conecta y genera confianza en los demás.

Hasta la próxima.

 

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