Comunicación efectiva – Te cuento el mito

Al hablar de comunicación efectiva muchos gurús te cuentan muchas historias, y basan todos sus cursos y charlas en un mito que te puede jugar en contra.

Aquí te explico cuál.

Importancia de la comunicación efectiva

Las letras no son todas iguales entre sí, debido a que unas son diferentes de las otras y las otras son distintas de las demás… teniendo ante está situación de símbula, tenemos también las mayúsculas y las minúsculas… las mayúsculas son las que se acostumbran a ser las grandotas y las minúscula, por falta de vitamina, osea de desenrrollo literario, siguen siendo chaparritas

Este es un diálogo de la película de 1960 El Analfabeto de Mario Moreno Cantinflas. En latinoamérica este personaje dejó su huella tan grande, que la RAE aceptó el término “cantinflear”, que se refiere al “hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”.

Más que claro. Es hablar y hablar sin decir nada.

¿Cuánta gente así te ha topado en la vida? Yo muchas. Y sí, cuando veo una de estas películas me divierto bastante. Y con este tipo de diálogos y monólogos la risa fluye sola. ¿Pero qué nos deja? Como dice la RAE, nada con sustancia.

Y ese es el punto. Este tipo de conversaciones carece de mensaje. No hay nada a lo que podamos remitirnos una vez finalizada. Solo recordamos lo gracioso o entretenido que fue, pero nada más.

Como hablamos siempre aquí, uno quiere comunicar. Comunicar un mensaje, nuestras ideas, nuestros sueños y deseos, nuestro conocimiento. Siempre hay algo que queremos expresar.

Esa es la finalidad de la comunicación efectiva: transmitir un mensaje. Y este mensaje hay que decirlo.

Sin embargo, probablemente te hayas topado con una información que contrasta con esto: la regla del 55-38-7.

Esta regla dice que el 55% del significado en la comunicación se debe al lenguaje corporal, el 38% al paralenguaje y solo un 7% al contenido.

Es decir, solo un 7% de la comunicación es el mensaje, lo que decimos. ¿No te suena algo raro de aquí? A mí me resuena bastante.

¿Por qué esta regla?

Pensemos primero en situaciones que se pueden extraer de esta afirmación.

Si así fuera, y la mayor parte de la comunicación viniera del lenguaje no verbal (lenguaje corporal + paralenguaje), cuando ves una entrevista o un discurso político en un idioma que no conoces (por ejemplo, latín) podrías entender prácticamente todo (al menos el 55%+38%=93%).

Si sólo se hablara por teléfono, podríamos comunicar menos de la mitad de lo que queremos transmitir (38%).

Y el lenguaje de signos, al menos entenderíamos la mitad (55%).

No podríamos leer libros ni diarios porque solo accederíamos al 7% de la información.

Y si te insultan, con una voz cálida y tierna y con un lenguaje corporal amigable, nadie debería sentirse ofendido, porque “el lenguaje no verbal importa mucho más”.

Pueden sonar como exageraciones, pero no dejan de ser ciertas. Y te explico cual es el gran error que muchas personas en comunicación cometen con esta idea.

El mito revelado

Esta regla fue emitida por el psicólogo Albert Mehrabian, profesor emérito de la UCLA, en un libro de los años 1970 producto de un estudio que realizó sobre comunicación.

El proyecto consistía en pedirle a una persona que dijera una palabra, como “amor” o “tristeza”, y una persona tenía que evaluar la relevancia del significado de la palabra y si el tono de voz y la expresión facial eran importantes para enfatizarlo.

Efectivamente, llegó a esos porcentajes de importancia en la comunicación que la regla emite. Sin embargo, existen unas pequeñas, pero importantes diferencias en las conclusiones.

Primero, el estudio habla sobre expresión facial, no de lenguaje corporal. Es decir, cómo movemos los ojos, la boca y si utilizamos la zona de la frente o no. Nada de postura, ni uso de manos, ni cómo pararse.

Segundo, el contexto desaparece. Como el estudio consistía en emitir una sola palabra a la vez, el contexto de comunicación se anulaba completamente. Y todos sabemos que el contexto en que se dice algo importa mucho a la hora de interpretar el sentido.

Las palabras por sí solas no son nada sin otras palabras que le den un marco de entendimiento.

Tercero, y más importante, el estudio se enfocó en emociones y actitudes positivas y negativas. No tomaron en cuenta situaciones donde las emociones son más neutras. Por ejemplo, como sucede en la comunicación profesional.

O sea, esta regla solo es verdad en situaciones cuando alguien te dice “estoy feliz de verte” con un desánimo evidente,  o “qué lastima lo que te pasó” con un tono alegre. 

¿Te das cuenta? La diferencia es obvia. Existe una desconexión abrumante entre el lenguaje verbal y el no verbal. En este caso uno se fija más en el lenguaje no verbal, porque esta confusión hace que el cerebro se ponga en alerta y se fije en esos detalles que confirman el desajuste.

Y esa es la clave. Para ser genuino uno debe conectar todos los aspectos de la comunicación. Todos son imprescindibles para lograr una comunicación efectiva.

En su libro “Haz que te escuchen y comunica con tus ideas”, Sebastián Lora, experto en comunicación profesional en España, señala que

Aunque tengas don de la palabra, cuando no tienes un mensaje claro, puedes hablar mucho tiempo sin llegar a concretar nada, logrando con esto confundir a quienes te escuchan

¿Te acuerdas de la palabra “cantinflear”?

La importancia de tener un mensaje que comunicar es mucha. Sin mensaje no hay intención comunicativa. Sin contenido, sin palabras, sin lenguaje verbal no hay nada que comunicar. De otra forma los ponentes de las charlas TED serían todos mimos.

Y créeme que es tan importante, que tengo ejemplos que lo demuestran.

TED Talks al rescate

Partamos con Sir Ken Robinson. En su charla TED del 2006 explica la importancia de crear un sistema educativo que fomente la creatividad. Te recomiendo verla si no la has visto.

Lo importante aquí es que, si te fijas bien, este caballero llega cojeando, continuamente se lleva las manos a los bolsillos de su chaqueta y no se mueve ni un paso, se queda estático.

Cualquier gurú te dirá que eso es una herejía en la comunicación. Sin embargo, ésta es una de las charlas TED más vistas en la historia, y está en el ranking TED de las 25 mejores.

¿Sabes por qué? Por su mensaje. Sus palabras están tan bien hiladas, que te cautivan desde el primer momento. Hace bromas y te expresa verbalmente el mensaje de tal forma que no puedes sino seguir escuchando. A pesar de cometer todos los errores de lenguaje corporal.

Elevemos la apuesta un poco más. La charla TED de Megan Washintong, una cantante australiana, cuenta una historia personal de forma tan maravillosa y cautivante, que pasas por alto tres aspectos que van en contra de la regla del 55-38-7.

Primero, no se mueve ni mira mucho al público, porque, segundo, está leyendo parte del discurso en su celular, y tercero, es tartamuda. Sin embargo, su charla es considerada una de las más ejemplificadoras e inspiradoras del mundo. De nuevo, si no la has visto, tienes que hacerlo.

Por último, elevemos la apuesta a niveles siderales. Esta charla tiene casi 10 millones de reproducciones en TED.com y relata las grandes interrogantes sobre nuestro universo y cómo acercarnos a responderlas. Con un mensaje potente y una forma de relatarla prácticamente de otro mundo. Esta charla fue realizada el 2008 por Stephen Hawking. No hay mucho más que decir al respecto.

¿Qué importa al final?

La clave es que nos demos cuenta de que el contenido es el rey. La comunicación efectiva se basa en querer decir algo. Incluso las personas que no pueden decir tienen su lenguaje.

Transmitir un mensaje es lo que nos llevó a evolucionar como especie. Desde el “ahí viene el tigre dientes de sable” hasta las palabras que te escribo ahora, el mensaje es lo que prima.

Y aquí no quiero decir que dejes de lado lo demás. Como te mencioné antes, lo principal es aunar todos los aspectos de la comunicación efectiva y trabajarlos, pero en orden.

El contenido primero, y luego usar el lenguaje no verbal para potenciar el mensaje. Todo junto, bien trabajado y resuelto, te hará memorable.

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