Comunicación efectiva – 5 claves para tener éxito

Una de las principales causas de enemistades que la gente puede experimentar en su vida se debe a la falta de comunicación efectiva.

Más bien, a la mala comunicación.

Comunicación efectiva en las relaciones

Es un hecho que comunicamos todo el tiempo: cuando hablamos, miramos a otros, cuando caminamos o nos sentamos. Comunicamos en la forma en que vestimos y en la que nos presentamos.

Incluso comunicamos cuando no queremos comunicar. Es paradójico, pero la ausencia de comunicación es comunicación. Así que es imposible escapar de ello.

La verdadera complicación aquí es saber comunicar. Porque pararse frente a alguien a conversar es más que intercambiar palabras. Hay un sentido y una meta más allá del mero hablar.

Y muchas personas lo hacen así: hablan y hablan con las personas, diciendo solo lo que ellos quieren y sin dejar espacio a otros. Es común ver a gente aburrida conversando con otros. Y eso es culpa no del que escucha, sino del que habla.

Salir de este sistema donde cada uno habla lo que quiere sin importar lo demás es difícil. Por una sola razón: el ego. Sí, somo egoístas por naturaleza. Es absolutamente natural querer hablar de uno mismo.

Es un impulso que, a priori, no está mal. Se pone mal cuando realizas este ejercicio de forma constante. Cuando cada una de tus conversaciones versan sobre ti. Y cuando alguien más habla, pones cara de aburrido y tratas de terminar la conversación rápido.

Y repito, mucha gente entra en esto y no salen. Cada conversación se transforma en situaciones donde hablar y hablar, sin dejar a los demás. Un monólogo, al fin y al cabo, que solo hace que nadie recuerde a esa persona. O, si la recuerdan, no será por algo agradable.

Piensa en la gente que te has encontrado en la vida y que actúa de esa forma. Seguramente no son recuerdos buenos.

Y es que esa es la principal clave. Si queremos ser memorables, o que al menos nos recuerden, debemos considerar usar la comunicación efectiva. Esto quiere decir, lograr transmitir nuestro mensaje de forma clara y entendible y considerar a nuestro interlocutor en esa transmisión.

¿Cómo tener una comunicación efectiva?

Suena muy bonito, pero la pregunta que surge es cómo hacerlo.

Para ello, debemos remitirnos a aplicar ciertas técnicas. No técnicas, más bien recursos, porque decir técnicas implica manipulación.

Lo que queremos implementar aquí es conexión con los demás. Es considerar e interesarnos genuinamente en el otro. Y para ello, los siguientes recursos son muy útiles.

1. Escucha activa

Es una de las cosas más importantes. La escucha activa implica, como te darás cuenta, escuchar al otro atentamente. Y, además, agregar actividad para aumentar el grado de implicación en la conversación.

Ahora bien, ¿qué significa escuchar atentamente? En este sentido, hay que superar dos barreras mentales. Primero, querer escuchar. Y segundo, interesarse en la conversación.

Porque muchas veces nos vemos envueltos en conversaciones que no van con nuestro ánimo, con personas que no nos caen bien, y vamos con toda la predisposición de no hablar. Y eso implica, por consiguiente, que vamos sin querer escuchar. Por lo tanto, de partida no nos interesa lo que los demás estén hablando y nos vamos perdiendo en nuestros pensamientos. Nos desconectamos y terminamos ignorando al resto.

Y aquí no estoy diciendo que vayas siempre con la disponibilidad de hablar con todos. Hay veces que no queremos hacerlo, y está bien. No hay que sentirse mal por ello. Aquí te platico sobre las ocasiones en que queremos hablar y conversar, pero no lo hacemos simplemente por situaciones ocasionales.

Por otro lado, la escucha activa requiere ciertas actitudes que se reflejan en movimientos físicos. Porque no solo hay que escuchar atentamente, sino hacerle entender al otro que lo estamos escuchando atentamente. Esto produce que seamos percibidos por las demás personas como alguien confiable.

La primera actividad es mirar. Sí, puede sonar obvio, pero mucha gente no te mira cuando te habla. ¿Te has dado cuenta? ¿Y qué sensación te deja? Desconfianza. Te da la impresión de que esconden algo. La mirada comunica cercanía y conexión. Es como si le estuvieras diciendo a las personas “te estoy escuchando”.

La segunda es asentir. Sí, efectivamente, asentir deja en la cabeza del otro de que sí lo estás escuchando. Es instantáneo. Casi mágico. Y decimos asentir, pero en realidad lo que queremos expresar es “mover la cabeza afirmando lo que el otro dice”. Me explico. Si alguien está hablando, reprochando la actitud o lo que hizo otra persona, sería un poco incongruente asentir.

En este caso, mover la cabeza en señal negativa afirma el mensaje del que está hablado. O si estás en contra de lo que alguien dice, negar con la cabeza comunica tu desacuerdo. De hecho, mostrar tu desacuerdo con algo también es escuchar activamente.

Sumado a ello, usar palabras de refuerzo es muy útil. Cuando alguien habla es muy posible que menciones frases como “mmm”, “sí”, “estoy de acuerdo”, “puede ser”, “ok”, “ya”, “no”, “¿en serio?”, y cosas por el estilo. Eso solo resulta en afirmar lo que te están contando y, al mismo tiempo, en comunicar que estás atento a la conversación.

La tercera actividad refleja de forma indiscutible que estás poniendo atención. ¿Te imaginas cuál es? Claro, si estás atento, seguramente te habrás dado cuenta que suelo hacer preguntas. Pero en una conversación hacer preguntas no basta. Deben ser preguntas abiertas. Y, evidentemente, relacionadas con el tema que te están contando.

Si alguien te habla de sus vacaciones, hay que preguntar cosas como dónde fue, con quién fue, cómo viajó, etc. Es decir, preguntas que requieren explayarse en más detalles (por lo que la conversación continuará) y que estén relacionadas con lo que se habla.

De esta forma, suceden dos cosas: generas mayor confianza ya que transmitirás que te interesa el tema, y, además, obtendrás mayor información sobre las cosas que se hablan, profundizando la conversación.

Y la cuarta y última actividad de la escucha activa va en relación con la tercera, pero tiene un objetivo diferente. Y es parafrasear o resumir. Cuando hablas con alguien, detener un poco la conversación para emitir un resumen de lo que se ha hablado hasta ese momento permite no solo transmitir tu verdadero interés, sino que también clarificar asuntos que hayan sido confusos. De esa forma te aseguras de entender a cabalidad lo que te están diciendo.

Estas pequeñas interrupciones se manifiestan en frases como “si entendí bien”, “lo que quieres decir es”, “déjame entender”, etc.

2. No juzgar

Dale Carnegie, en su libro Como ganar amigos e influir en las personas tiene una frase fenomenal para esto:

No critique, no condene ni se queje

Y esto es una parte importante de la comunicación efectiva.

La idea de enfrentarse en una conversación con alguien que no te agrada hace que nuestras alarmas se enciendan y adoptemos posturas y visiones negativas de la conversación. Lo mismo sucede si no nos gusta un tema de conversación, nos pondremos reacios a participar de ella. Y los efectos que ello tiene son dos.

Primero, vamos a quedar como personas hurañas, que no podemos entrar en una conversación y, probablemente, nos echen de alguna forma para evitar contagiarse de eso.

Y segundo, producto de ello, quedaremos aislados y nos perderemos de aprender cosas nuevas. Y ese es el tema. Cada conversación es una forma de aprender de la otra persona o de averiguar cosas a través de lo que nos dicen los demás.

El no juzgar a los demás se puede manifestar de dos maneras. Por un lado, debemos fijarnos en los hechos y no en las personas. Esto quiere decir que cuando algo sale mal, se suele culpar a las personas. Y claro, evidentemente las cosas se producen por acción humana, pero muchas veces son consecuencia de actos que no se planifican.

Si nos aproximamos a través de los hechos, aplicando la comunicación efectiva,  podremos lograr un cambio en el comportamiento de la persona. Porque cada uno siempre sabe qué hizo mal, o qué pudo haber hecho mejor. Pero si vamos a atacarla directamente, solo generaremos resistencia y una imposibilidad de diálogo. Cosa se traduce en resentimiento.

Por otro lado, y a partir de lo anterior, cuando algo malo pasa se debe corregir de inmediato. Solemos guardarnos cosas para no herir a los demás, pero cuando sucede algo que no nos gusta, vamos guardando esa sensación que, en cierto momento, puede explotar incluso con una situación de muy poca importancia.

Cuando eso pase, quedarás como una persona sobre reactiva. Entonces, en vez de acumular, hay que soltar en el momento ese malestar y, por supuesto, aproximarse a los hechos, no a las personas.

Sumado a ello, ya que corregimos las cosas en el instante, será más fácil no reprochar el pasado. Si acumulas estas malas situaciones, en cierto momento harás patente tu malestar de forma explosiva y sacando en cara actos cometidos antes.

Y, como la otra persona hace lo mismo, se transformará en un reproche mutuo. Así es como escalan las relaciones de pareja que no solucionan las cosas a tiempo. Luego, en cualquier discusión, se increpan y actúan descontroladamente. Incluso llegando a la violencia.

3. Lenguaje corporal

Un clásico. Si estás con los brazos cruzados, con cara de aburrido, con tu cuerpo girado hacia otro lado o mal sentado, tu conversación será un fiasco. Un completo fracaso. Y eso pasa porque nuestro cerebro rechaza cuando vemos este tipo de actitudes. Igual que como hablábamos con la mirada.

Cuando miras a una persona, tu cuerpo también debe mirarla. Y eso significa tener una postura abierta para mostrar interés y facciones faciales que muestren que estás poniendo atención. Mostrar cara de concentrado y una sonrisa de vez en cuando son maravillosos para generar mayor confianza en la conversación y tener una mejor comunicación efectiva.

4. Ser breve

Y ahora llega el momento de hablar. Sí, porque lo anterior funciona cuando otro te está hablando a ti. Cuando eres tú quien habla, debes tratar de ser breve. Y, más que breve, debes ser claro. Porque transmitir tu mensaje de forma clara te lleva a ser preciso. Y eso desemboca naturalmente en la brevedad, parte importante de la comunicación efectiva.

Un mensaje claro permitirá que la gente te entienda. Que pueda comprender efectivamente lo que estás pensando. Sin lugar a interpretaciones ni confusiones.

¿Te has topado con gente que habla y habla y al final no dice nada? En Latinoamérica existe un ícono mexicano de eso: Cantinflas. Después de lo que dijo no puedes sacar nada en limpio. Y no es porque no tenga nada que decir, sino porque no es lo suficientemente claro y, por consiguiente, breve para expresar sus ideas.

5. Autenticidad

Al decir tu mensaje debes ser auténtico. Esto no es nada más que creer en lo que dices. Simple. Hablar cosas en las que verdaderamente creamos y que, evidentemente, conozcamos, nos vuelve más creíbles.

Y aquí se forma un punto interesante, porque muchas de las grandes presentaciones y charlas que tenemos en nuestra memoria fueron hechas por gente que creía en lo que estaba hablando. De esta forma le agregaban pasión. Y esa es la clave, tener pasión por tu mensaje logra que lo comuniques de tal forma que puedes enganchar a cualquiera.

El hablar con pasión se nota, la gente lo percibe. Y eso te vuelve más atractivo. Si tienes algo que decir, y lo crees, la gente te escuchará.

Piensa en los nuevos políticos de ultraderecha que están surgiendo en el mundo. Sin juzgar. Ellos creen en sus ideas, creen en su visión, y al comunicarla lo hacen con pasión. Al final, transmiten esa intensidad de energía con que sienten su mensaje, de forma tal que logran encender los corazones de otras personas. Por eso sacan votos, y otros incluso llegan a ser presidentes. Pasión en su discurso. Nada menos.

¿Qué es lo importante?

Así que estas 5 herramientas, o más si consideramos que la primera se divide en muchas, te ayudarán a tener una comunicación efectiva. Pero nuevamente, no lo pienses como técnicas, sino como herramientas, porque el objetivo es usarlas para conectar con la gente de forma genuina.

En cada conversación, escucha activamente, no juzgues, ten un lenguaje corporal que muestre interés y atención, sé claro y breve en lo que comunicas y, por supuesto, cree en lo que dices.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *