4 cosas que NO debes hacer al hablar en público

4 cosas hablar en público

Al hablar en público, imagínatelos desnudos… ¿O no?

¿Has escuchado esa recomendación? Te digo de primera: es el peor consejo que te pueden dar.

¿Te imaginas dando una charla o hablando frente a un público que esté desnudo? Yo lo he pensado, y mucho, y lo primero que pensaría en esa situación es: ¿por qué están todos desnudos menos yo?

Las 4 cosas que NO debes hacer al hablar en público

Así que hoy hablaremos justamente de eso: las peores recomendaciones, o lo que NO hay que hacer, cuando quieres hablar en público. O en una conversación.

Imaginar es perder

Porque imaginarse desnudas a las personas va a provocar dos cosas.

Primero, que fuerces tu mente y tu capacidad cognitiva para lograr verlos desnudos. Y segundo, que acabes con tu energía más rápidamente para mantener ese estado. Lo único que generará eso es que te preocupes solo por ti.

Y ya lo he dicho antes, al comunicar algo lo que importa es el receptor. Tenemos que ser capaces de elaborar nuestro mensaje de forma clara y precisa para que nos entiendan. Y para que hagan lo que pretendemos que hagan.

Ya sea pasar a tu tienda, comprar, darle clic al botón de compartir… Cualquier cosa. Pero tenemos que dar primero. Entregar valor, ofrecer algo.

Y créeme, que imaginarte desnudo a un cliente, o a un grupo de inversores, solo hará que te pongas más nervioso.

Además, ¿quién querría imaginarse al jefe sin ropa? Yo no.

Más inteligente que yo, no hay

La segunda recomendación nefasta: suena inteligente.

Sí, si hablas en público frente a alguien de algo, sabes de ese tema.

O al menos esa debería ser la máxima. Si no sabes algo, abstente de hablar. Porque eso sí es verdad. Si alguien te descubre, quedarás en evidencia.

Y sí, sabes del tema y te recomiendan (otras personas o tu yo interior) que debes mostrar todo lo que sabes.

Y eso, no rinde muchos frutos. Básicamente porque querrás dar una cátedra de tu tema, y tratarás de poner todo tu conocimiento ahí.

Eso significa datos, gráficos, historias, libros… todo eso apretujado en un discurso que no tendrá mucho sentido y en diapositivas que estarán abarrotadas de información.

En resumen, sonarás aburrido. Aburrido y confuso. Al final, si es que no se durmieron, nadie entenderá nada.

Recuerda esos días en el colegio o en la universidad…

Todos tuvimos profesores así. Y sí, evidentemente tenían que enseñar su materia, pero era tanta información que al final no te quedaba nada.

¿De qué sirve sonar tan inteligente si no usas términos que tu público pueda entender o no haces nada para interesarlos por tu tema?

Quiero mover el bote

Tercera recomendación horrible al hablar en público: muévete. Esta no está tan mal, la verdad. La cuestión aquí es que hay gente que se lo toma al pie de la letra. Tan en serio que parecen bailarines en el escenario.

Y no te rías, lo he visto.

O gente que utiliza muchos ademanes para generar mayor interés. Tanto, que parece payaso. ¿Has ido al circo? Solo les falta el disfraz y quedan perfectos.

La lección aquí es que sí, hay que moverse y hacer gestos. Pero no hay que exagerar. Todo en altas concentraciones es un veneno. Y una alta concentración de movimientos es un veneno para hablar en público.

Porque recuerda o imagínate a alguien se mueve mucho mientras habla. Con toda seguridad puedo decir que te enfocaste en los movimientos de esa persona, más que en lo que hablaba. De hecho, de seguro ni pensaste ni imaginaste lo que estaba hablando.

La razón de eso es que somos seres visuales. Mucha de la información que procesamos es visual. Y si alguien está viendo a un orador o un conferencista, se fijará en sus movimientos más que en su discurso. Y en su mente solo estará pensando cuál será el próximo movimiento.

Los movimientos y gestos son soportes del mensaje. Cuando quieres comunicar algo, te ayudan a potenciar lo que estás diciendo. Por eso hay que ocuparlos, pero con mesura.

Memoria, no me falles

4° consejo del infierno: apréndete el discurso de memoria. Nuevamente, la verdad, aquí no es tan inexacto. El problema surge cuando haces esto primero.

Me explico. Tienes que dar un discurso o hacer una presentación. Haces un guion bonito y perfecto, y lo lees palabra por palabra hasta que se te queda en la cabeza.

Y los demonios del universo actúan al momento de presentar. ¿Qué pasa si se te olvida algo? Como te lo aprendiste de memoria, tienes todo el hilo conductor. Es como una cadena. Pero si falla un solo eslabón, la cadena se corta.

Y ahí surge el problema. Eso aumenta tus probabilidades de quedarte en blanco. Por que no tienes la guía en tu cabeza. La cadena se desarmó, y tú quedas desarmado.

En vez de eso, lo mejor es hacer el guion, pero practicarlo. Practicarlo en voz alta las veces que sean necesarias hasta que internalices el discurso. Ojo en eso, internalices, no memorices.

Porque el internalizar el guion nos da una ventaja que la memoria no: holgura. Nos deja espacio para equivocarnos o saltarnos partes porque tenemos en nuestra cabeza la idea de lo que queremos decir.

No un hilo conductor fijo, sino hebras de hilo que se van armando a medida que hablamos. Y eso nos permite poder flexibilizar el discurso de acuerdo con lo que vayamos percibiendo del público.

Además, un discurso escrito es distinto a cuando lo dices. En el papel se lee bonito,pero cuando lo articulas en tu voz puede que haya palabras que no sean adecuadas, o frases que no son fáciles de decir.

El lenguaje hablado tiene ciertos tonos que son más fáciles de percibir y aprender. Por eso los niños aprenden a hablar antes que leer.

Por eso la práctica deliberada es fundamental. O sea, ensayar y corregir, ensayar y corregir. Hasta que salga bien.

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